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Las marcas pueden comprar visibilidad, pero no pueden comprar credibilidad. Comprar visibilidad es relativamente sencillo y depende sobre todo del presupuesto. La credibilidad y el sentido de pertenencia, en cambio, no se pueden adquirir de forma automática. Y lo más importante: no depende tanto de la cantidad de dinero, sino de cómo y dónde se realiza la inversión. Por eso es importante entender la cultura como estrategia de marca.

Las marcas pueden comprar visibilidad, pero no pueden comprar credibilidad.

Por qué la cultura es un espacio privilegiado para las marcas

Actualmente es difícil destacar como marca y solo aquellas con un relato genuino consiguen diferenciarse. La cultura ofrece un espacio único para que el público establezca vínculos de valor con las marcas. Las que se relacionan con ella de forma continua, coherente y estratégica consiguen que su público deje de verlas solo como productos y las asocie a valores y emociones que serían imposibles de comprar.

Cuando una marca se asocia a la cultura, entra en un terreno simbólico que trasciende el producto.

Un recurso histórico para generar identidad

A lo largo de la historia, gobiernos y regímenes han utilizado la cultura para definir la identidad colectiva: desde el Renacimiento, que proyectaba el poder de las ciudades-estado, hasta las dictaduras del siglo XX, que la utilizaban para imponer ideologías. La razón es sencilla: la cultura nos atraviesa y nos define. Es lo que nos hace sentir parte de un «nosotros». Cuando una marca se asocia a la cultura, entra en este mismo terreno simbólico y se vincula a valores que trascienden: memoria, identidad, emoción compartida.

¿Qué significa apostar por la cultura?

Apostar por la cultura no es poner un logo en un gran espacio. Eso solo es visibilidad. Apostar por la cultura significa construir un relato de marca en torno a esta decisión. Y aquí es donde entra VOLTA: acompañamos a empresas a hacerlo con sentido y coherencia. Lo hacemos con conocimiento del sector cultural, de las oportunidades que ofrece, y siempre teniendo en cuenta los valores, el público objetivo y la visión de la marca.

Apostar por la cultura no es comprar un gran espacio donde poner el logo. Eso solo es comprar notoriedad.

¿Notoriedad rápida o prestigio duradero?

Una inversión cultural en formato de patrocinio puntual puede dar un retorno rápido, pero a menudo se olvida con la misma velocidad. En cambio, la inversión estratégica en cultura retorna multiplicada en forma de prestigio cultural, impacto comunitario y rendimiento económico.
Un ejemplo claro de utilizar la cultura como estrategia de marca es Estrella Damm, con su apuesta sostenida por la música en vivo y el Mediterráneo.

¿Cuál será el relato de su marca?

VOLTA: alianzas reales y transformadoras

Las marcas que apuestan por la cultura no solo son vistas, sino recordadas. En VOLTA acompañamos a las empresas en este proceso y las relacionamos con proyectos culturales de impacto real. Lo hacemos a través de alianzas transformadoras y con valor compartido.

Si su marca quiere ser recordada, no solo vista, hablemos.